Rubén Fabuel rescata la tradición para reinventar el diseño
El arte eterno de la marquetería con paja de centeno que Rubén Fabuel, artista y cuarta generación de ebanistas, ha rescatado para traerlo al diseño moderno.
EnlaceAna Zuazo
La marquetería con paja de centeno, una técnica artesanal llegada a Europa en el siglo XVII desde Oriente y ha sido durante siglos un símbolo de delicadeza y refinamiento. En sus inicios se empleaba para decorar pequeñas piezas, como las cajas de tabaco que circulaban en la época, pero alcanzó su esplendor en la Francia del Art Decó. Maestros como Jean-Michel Frank, Jean Rogère o André Groult elevaron esta disciplina a la categoría de arte, creando objetos y mobiliario que aún hoy son referentes en la historia del diseño.
Actualmente, esta técnica vive un renacimiento en la alta decoración. Su capacidad para transformar la luz en destellos dinámicos y vibrantes, gracias al silicio natural presente en la paja, la convierte en un material único para murales, muebles y piezas decorativas. En España, sin embargo, su práctica es escasa. Entre los pocos que la cultivan con pasión y maestría se encuentra Rubén Fabuel, artista que en 2017, durante una visita casual a una feria de antigüedades, descubrió esta tradición y encontró en ella su propio camino creativo. Desde entonces, se ha formado en talleres de prestigio —incluido el Atelier de Lison de Caunes en París— y ha dedicado su vida a fusionar la tradición con el diseño contemporáneo.
Conversamos con él sobre su trayectoria, sus retos y la fuerza silenciosa de un arte que, aunque minoritario, tiene la capacidad de emocionar profundamente.
¿Qué te aportó especializarte en una técnica tan poco común como la marquetería con paja de centeno?
Lo que me aportó fue, ante todo, un encuentro con algo profundamente auténtico. Descubrí esta técnica por azar en una feria de antigüedades: me topé con una pieza decorada con paja de centeno y me dejó absolutamente fascinado. Aquel instante marcó un antes y un después. Empecé a investigar, a buscar formación y referencias, hasta que entendí que había encontrado un lenguaje propio para expresarme.
En Francia, esta artesanía cuenta con una tradición sólida y maestros consolidados; allí es reconocida como un oficio de excelencia. En cambio, en España somos muy pocos —creo que apenas dos artistas dedicados de forma exclusiva—, lo que hace el camino más solitario, pero también más especial, porque me ha obligado a abrirme paso desde cero.
La marquetería con paja de centeno me ha regalado algo que no había encontrado en otras disciplinas: calma. Soy una persona tímida, pero al mismo tiempo muy nerviosa, y el proceso de trabajar este material natural, de pulirlo y transformarlo hasta convertirlo en un objeto bello, me genera una paz interior indescriptible. Es como si cada tallo de paja funcionara como un puente entre la naturaleza y mi propio mundo interior. No es solo una técnica decorativa: es mi camino vital, una forma de meditación en movimiento.
¿Qué tiene la paja de centeno que la hace tan especial para este tipo de marquetería?
La paja de centeno es un material humilde en apariencia, pero con una riqueza insospechada. Lo que la distingue es su brillo natural, un resplandor que proviene del silicio que recubre el tallo y que actúa como una protección contra hongos y plagas. Ese brillo es lo que convierte cada pieza en algo único: la luz se refleja de manera distinta según el ángulo desde el que se mire, creando efectos cambiantes y casi hipnóticos.
En ocasiones recurro también a la paja de avena, que ofrece un acabado más nacarado y delicado, ideal para diseños muy sutiles. El trigo, en cambio, resulta demasiado grueso y rígido, lo que impide alcanzar la precisión que esta técnica requiere. Por eso el centeno sigue siendo insustituible: tiene la flexibilidad y la luminosidad perfectas.
Además, para asegurar la mejor calidad, cultivo yo mismo mi propio centeno. Selecciono las semillas, acompaño el crecimiento y recojo cada tallo con cuidado. No se trata solo de obtener un material idóneo, sino de vivir la experiencia completa: desde la tierra hasta la obra terminada. Esa conexión íntima con el ciclo natural aporta a cada creación un valor añadido. No es únicamente un objeto decorativo; es la historia de un proceso que empieza en el campo y culmina en una pieza que refleja la luz como si estuviera viva.
¿Qué significó para ti recibir una mención al mejor diseño de producto en Casa Decor?
Recibir la segunda mención al mejor diseño de producto en Casa Decor fue mucho más que un premio: fue una confirmación. Hasta entonces, mi trabajo había circulado en un ámbito muy reducido, apreciado por personas cercanas o pequeños círculos de amantes de la artesanía, pero con una visibilidad limitada. Ese reconocimiento abrió de repente una ventana enorme al mundo de la alta decoración y el diseño contemporáneo.
Lo más valioso no fue tanto la distinción en sí, sino la certeza íntima de que el esfuerzo, la dedicación y las horas de soledad en el taller tenían sentido. Para un artista que trabaja con un material tan poco común, a veces incomprendido, este tipo de reconocimientos son un recordatorio de que la pasión encuentra eco en los demás.
Esa mención me abrió puertas a colaboraciones con interioristas y proyectos compartidos con otros creadores. Pero sobre todo me permitió mostrar que la marquetería con paja de centeno no es solo una técnica antigua, sino un arte capaz de dialogar con el diseño contemporáneo y emocionar al público actual. Fue, sin duda, un punto de inflexión que marcó un antes y un después en mi trayectoria.
Vienes de una familia de carpinteros, ¿eso ha influido en tu forma de entender este oficio?
Sin duda, mi herencia familiar ha marcado profundamente la manera en la que me acerco a este oficio. Soy la cuarta generación de ebanistas y carpinteros, y aunque mi familia no siempre comprende del todo mi fascinación por la marquetería de paja, han respetado desde el inicio mi elección. Crecer rodeado de talleres, herramientas y el olor de la madera me dio una sensibilidad especial hacia los materiales naturales.
Trabajar con paja de centeno no es lo mismo que trabajar con madera, pero existe un vínculo invisible entre ambos materiales: la paciencia que requieren, la necesidad de escuchar lo que piden, de respetar sus tiempos y limitaciones. Haber crecido en ese ambiente me permite integrar la marquetería con el mobiliario de una manera orgánica, logrando piezas que no solo cumplen una función estética, sino que también son coherentes y funcionales.
Aunque no es imprescindible ser carpintero para dedicarse a este arte, creo que mis raíces me aportan una ventaja. Me permiten unir tradición y contemporaneidad, comprender los oficios manuales desde dentro y dotar a cada creación de una identidad única. En cierto modo, siento que continúo la historia de mi familia, pero con un lenguaje propio, distinto, que aporta una nueva voz a esa herencia artesanal.
¿Cómo imaginas tu futuro como artista y qué retos enfrentas hoy en día?
Mi mayor sueño es poder dedicarme por completo a este arte, vivirlo sin distracciones y con la serenidad que requiere. Me imagino en mi casa de campo, rodeado de naturaleza, cultivando mi propio centeno, experimentando con tintes naturales y dejando que cada pieza nazca sin prisas, al ritmo pausado que este oficio exige.
Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. Uno de los mayores retos que enfrento hoy es la falta de apoyo institucional. En Castilla-La Mancha he recibido algún respaldo, pero en general se trata de una técnica poco conocida y, por tanto, poco impulsada. A veces siento que se lucha contra la invisibilidad, porque este trabajo no encaja en los moldes más comunes de lo que se entiende como artesanía o diseño.
Aun así, el entusiasmo me sostiene. En los últimos años he empezado a impartir cursos, y esa experiencia ha sido muy enriquecedora: compartir mi conocimiento me obliga a ordenar y profundizar en mi propio proceso, y al mismo tiempo aprendo mucho de mis alumnos. También estoy explorando colaboraciones con diseñadores de joyería y moda, un terreno nuevo y apasionante donde la paja puede desplegar posibilidades inesperadas. Más que un reto, lo veo como una oportunidad: la de seguir demostrando que esta técnica ancestral tiene todavía mucho futuro por delante.
Conocer en persona la obra de Rubén Fabuel es una experiencia transformadora. Antes de esta entrevista había visto fotografías de sus piezas y conocía el encanto de la marquetería de paja de centeno, pero contemplarlas en vivo supera cualquier expectativa. Hay algo casi mágico en la forma en que la luz se refleja sobre cada fragmento, creando destellos que cambian a cada movimiento, como si las piezas respiraran.
Es fácil comprender por qué los interioristas más prestigiosos incorporan cada vez más esta técnica en sus proyectos. No se trata solo de decoración: es arte en estado puro, capaz de transformar un ambiente y dotarlo de una personalidad singular sin perder la esencia artesanal que lo hace tan humano.
Rubén ha conseguido rescatar y renovar una técnica centenaria, dándole un lugar propio en el diseño contemporáneo. Su pasión, su dedicación al proceso completo —desde el cultivo del centeno hasta la pieza final— y su búsqueda constante de belleza lo convierten en un artista excepcional. Admirar sus obras es, sin duda, un privilegio que deja huella.