Marco Moncloa: una voz, una trayectoria y una pasión por la zarzuela
Entrevista de Ana Zuazo al barítono Marco Moncloa: la zarzuela, su historia y su futuro, la vocación heredada de su madre directora de orquesta y la gira de L’Operamore por Latinoamérica.
EnlaceAcerca de Marco Moncloa
Hay géneros musicales que no solo se escuchan, sino que se sienten, se viven y terminan formando parte de nuestra historia. Para mí, la zarzuela es uno de ellos. Tiene la maravillosa capacidad de emocionarme con una romanza, arrancarme una sonrisa con un diálogo ingenioso y transportarme a otra época con los primeros compases de una partitura. Es tradición, sentimiento, humor y cultura; un auténtico tesoro de nuestro patrimonio musical que merece ser conocido, disfrutado y transmitido de generación en generación.
Sin embargo, como aficionada, hay algo que me preocupa: la zarzuela no siempre recibe el apoyo, la promoción y la visibilidad que merece por parte de nuestras instituciones culturales. Muchos jóvenes apenas la conocen y no han tenido la oportunidad de descubrir todo lo que puede ofrecerles. Y, sin saberlo, se están perdiendo una experiencia teatral y musical extraordinaria.
Porque la zarzuela no es algo anticuado ni aburrido. ¡Todo lo contrario! Es un espectáculo lleno de vida, con melodías maravillosas, personajes entrañables, enredos, ironía y diálogos que siguen haciéndonos reír. Es emoción, música, teatro y humor. Quien se sienta en una butaca dispuesto a dejarse llevar puede salir del teatro con una sonrisa de oreja a oreja. Y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa.
Para comprender sus orígenes tenemos que viajar al siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV. El Palacio de la Zarzuela, situado en las proximidades de Madrid y rodeado de zarzas, dio nombre a las representaciones teatrales con música que entretenían a la corte. Con el paso de los siglos, aquel entretenimiento cortesano se convirtió en una de las grandes señas de identidad de nuestra cultura musical.
Entre sus primeros referentes encontramos a Lope de Vega, autor de La selva sin amor (1629), y a Pedro Calderón de la Barca, cuyo El golfo de las sirenas (1657), con música de Juan Hidalgo, constituye un hito de aquellos primeros espectáculos. Más adelante llegarían obras inolvidables como La verbena de la Paloma, La revoltosa, La del manojo de rosas y Agua, azucarillos y aguardiente, títulos que forman parte de nuestra memoria colectiva.
Hoy tengo el placer de conversar con Marco Moncloa, barítono de amplia trayectoria, vinculado desde muy joven al mundo de la lírica y comprometido con la zarzuela.
Nacido en Barcelona en 1972, inició su formación musical junto a su madre, la maestra Dolores Marco. En 1989 fue contratado por José Tamayo para participar en la Antología de la Zarzuela, espectáculo con el que recorrió escenarios internacionales. Desde entonces, su carrera ha abarcado zarzuela, ópera y teatro musical, con actuaciones en importantes teatros y festivales.
El barítono es a la zarzuela lo que el tenor es a la ópera: una voz que, con su personalidad y sus matices, puede dar vida a personajes inolvidables y contribuir de manera decisiva a la emoción de una obra. Y precisamente de voces, escenarios, vocación y del futuro de nuestro género lírico hablamos en esta entrevista.
¿Qué le falta a la zarzuela?
Marco, desde tu experiencia, ¿qué crees que le falta a la zarzuela en nuestros días para recuperar protagonismo y acercarse a las nuevas generaciones?
Creo que uno de los grandes problemas es la falta de apoyo y promoción por parte de las instituciones culturales. A veces parece que se considera un género «casposo», algo antiguo que no encaja con los gustos actuales. Y es una pena, porque estamos hablando de un patrimonio musical y teatral extraordinario, que forma parte de nuestra identidad y que no tiene nada que envidiar a otras grandes tradiciones líricas.
La educación es fundamental para cambiar esta percepción. Desde los colegios se debería acercar a los niños a distintas manifestaciones artísticas, organizando, por ejemplo, una salida cada trimestre para disfrutar de un espectáculo de danza, una obra de teatro y, por supuesto, una zarzuela. No podemos pretender que los jóvenes amen un género que apenas conocen.
Además, una cosa no está reñida con la otra. Mi hijo, por ejemplo, ha ido a ver a Shakira y disfruta de la música actual, pero también es un apasionado de la zarzuela porque ha crecido conociéndola. Incluso ha participado en alguno de nuestros espectáculos. Los jóvenes pueden disfrutar de estilos muy diferentes cuando se les da la oportunidad de acercarse a ellos.
Recuerdo una representación de zarzuela en la Ópera de Roma, con un elenco magnífico, una gran orquesta, una puesta en escena cuidada y un vestuario espectacular. El público salió impresionado. Muchos espectadores no entendían cómo un género con tanta riqueza musical y teatral no tenía mayor proyección. Experiencias así demuestran que la zarzuela puede emocionar también fuera de nuestras fronteras.
Una vocación que nació en casa
Marco, creciste en una familia muy vinculada a la música. ¿Cómo influyó ese entorno en tu vocación y en tu decisión de convertirte en barítono?
Somos trece hermanos, de dos padres distintos, y siete de nosotros estamos muy vinculados a este mundo: hay productores, cantantes incluso una directora de orquesta. Mi madre te diría que me dio una educación casi espartana para mi formación musical. Con quince años ya tenía claro que quería pertenecer a este mundo y que quería ser barítono.
Su madre, María Dolores Marco Seseras, fue una figura pionera de la dirección de orquesta en España, especialmente vinculada a la zarzuela. Crecer con una madre dedicada a la música tuvo que marcar profundamente su camino artístico.
En mi caso, también intento transmitir esa pasión a mis hijos. Mi niña, de ocho años estudia viola y ballet, y mi hijo, de diez, piano y ballet, crecen rodeados de música y arte. Me hace especial ilusión ver que mi hijo parece tener cada vez más claro que quiere seguir nuestros pasos. No sé adónde le llevará ese camino, pero creo que la vocación no se puede imponer: se puede sembrar desde la infancia, compartiendo aquello que nos emociona y dejando que los niños encuentren su propio camino.
El escenario, la mejor escuela
¿Qué consejo les darías a los jóvenes que están empezando su carrera artística y sueñan con abrirse camino en el mundo de la lírica?
Que se preocupen, sobre todo, por adquirir experiencia y que aprovechen cualquier oportunidad para subirse a un escenario, aunque al principio sea de forma colaborativa o benéfica. Es fundamental aprender a conectar con el público, sentirlo y saber transmitirle lo que llevas dentro.
Hay que empezar desde abajo. Por mucho que hayas estudiado en una escuela o un conservatorio y te digan que estás preparado, la realidad del escenario es otra. No se puede pretender conseguir directamente un papel protagonista sin haber recorrido antes ese camino.
El escenario es el mejor máster que existe: es ahí donde realmente aprendes, maduras y descubres cómo desenvolverte como artista. Antes de exigir un papel principal o un buen sueldo, tienes que demostrar lo que vales. La única manera de ganar seguridad y crecer profesionalmente es trabajar, actuar y acumular experiencia. En esta profesión, el aprendizaje nunca termina.
La zarzuela al otro lado del Atlántico
L’Operamore tiene prevista en julio del año que viene una gira por Chile y Argentina. ¿Qué esperáis de esta experiencia? ¿Sigue viva la pasión por la zarzuela en Latinoamérica?
¡Por supuesto que sí! En un principio, por cuestiones de agenda, iremos solo dos semanas, pero esperamos tener una buena acogida que nos permita regresar el próximo año y ampliar nuestra temporada de ópera y zarzuela en Latinoamérica.
Existe una importante tradición zarzuelística en muchos países latinoamericanos. La zarzuela española llegó a América y allí arraigó, evolucionando también hacia formas propias. Cuba es un ejemplo extraordinario: cuenta con grandes compositores como Ernesto Lecuona y Gonzalo Roig, y con obras tan emblemáticas como María la O, de Lecuona, con libreto de Gustavo Sánchez Galarraga, que sigue siendo un referente de la zarzuela cubana.
Es fundamental mantener vivo ese vínculo cultural y seguir llevando nuestros espectáculos al público latinoamericano. Nos hace mucha ilusión compartir nuestra pasión por la lírica con nuevos espectadores y contribuir a que la zarzuela siga viva a ambos lados del Atlántico.
De palacio en palacio
Para terminar, volvemos a los palacios. La zarzuela debe su nombre al Palacio de la Zarzuela y tu apellido nos lleva directamente al Palacio de la Moncloa. ¡Parece que lo tuyo estaba escrito! ¿Es un apellido que pesa?
(Se ríe.)
Mi apellido es de origen español, aunque mi padre era peruano. Lo curioso es que creo que hay más Moncloa en Perú que en España. De hecho, ahora mismo creo que somos los únicos que llevamos este apellido aquí.
Y así, entre palacios y apellidos, terminamos esta conversación. La zarzuela nació en tiempos de Felipe IV y hoy tenemos a Felipe VI. Solo cambia un palito del número de un rey, pero… ¡ojalá bastara tan poco para que nuestra lírica recibiera el impulso que merece!
Bromas aparte, Marco ha demostrado que la pasión, el talento y el trabajo pueden mantener vivo un proyecto artístico incluso cuando el camino no es fácil. Pero no debería recaer todo el peso sobre quienes, como él, dedican su vida a sacar adelante una compañía. La zarzuela necesita respaldo institucional, recursos y continuidad para que sus producciones lleguen a más escenarios y nuevas generaciones puedan descubrirla.
Ojalá llegue el día en que defender la zarzuela deje de ser una reivindicación y se convierta en algo natural. Y entonces, quién sabe, quizá podamos decir que por fin hemos pasado de la austeridad a la prosperidad. A ver si en los palacios toman nota: ¡esta vez no pedimos audiencia, sino un buen futuro para la zarzuela!
Mi más sincero agradecimiento a Marco Moncloa por esta entrevista, su cercanía y por el estupendo momento compartido; de lo que no cabe duda es de que continuaré disfrutando y apoyando este género como la fiel amante de la zarzuela que soy. ¡Esperando que no te jubiles hasta dentro de muchísimos años, nos vernos pronto!