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La tuna: Un bien de interés cultural en la voz de Óscar Carballo Ares

  • Tuna universitaria numerosa posando en un pasillo con capas negras llenas de escudos, bandas moradas y guitarras, laúdes y tambor repartidos entre los músicos y en el suelo.

La tuna: Bien de interés cultural de carácter inmaterial. Resolución de 4 de junio de 2025, de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes.

Óscar Carballo Ares, Decano del CITOP Madrid y Tuno: “Ser tuno es una forma de vida que te acompaña para siempre”

El pasado 4 de junio, la Tuna fue declarada Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial, un reconocimiento que celebra siglos de historia, música y tradición universitaria. Conversamos con Óscar Carballo AresDecano del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas e Ingenieros Civiles de Madrid (CITOP Madrid) y orgulloso tuno, sobre lo que significa este nombramiento y la vigencia de una tradición que sigue viva, reinventándose sin perder su esencia.

Óscar Carballo Ares no solo representa el liderazgo y la innovación en el ámbito de la ingeniería civil, sino también el espíritu alegre y fraternal que caracteriza a los tunos. Ingeniero civil de formación, ha dedicado su carrera a modernizar el sector de las obras públicas, promoviendo la sostenibilidad, la innovación y el trabajo en equipo. Desde su puesto al frente del CITOP Madrid, impulsa una visión cercana y participativa de la ingeniería, abierta a los nuevos tiempos y conectada con la sociedad.

Pero más allá de los planos y los proyectos, Óscar lleva también la música por dentro. Como miembro de La Tuna, combina la técnica con la tradición, la seriedad del ingeniero con la alegría y el espíritu universitario del tuno. Esa dualidad —entre la precisión del cálculo y la emoción de una serenata— define a un profesional y a una persona que sabe disfrutar tanto del trabajo bien hecho como de los buenos momentos compartidos.

¿Qué ha significado para ti que la Tuna haya sido declarada Bien de Interés Cultural inmaterial?

Es un reconocimiento muy especial, porque dignifica algo que forma parte de nuestra historia universitaria y cultural. Durante años, la imagen del tuno ha estado marcada por estereotipos, pero esta declaración ayuda a mostrar lo que realmente somos: estudiantes y profesionales comprometidos con la música, la tradición y la camaradería. Es un aliciente para seguir transmitiendo nuestros valores a las nuevas generaciones y una manera de demostrar que la Tuna sigue viva, evolucionando y adaptándose sin perder su esencia.

¿Cómo se vive hoy en día ser tuno en las universidades?

Estamos viviendo un momento muy positivo. En muchas universidades se están retomando las captaciones y hay una gran ilusión entre los jóvenes por formar parte de la Tuna. A los nuevos se les acompaña en todo el proceso, no solo en lo musical, sino también en lo académico y personal. Al principio, visten un mono y un casco de obra, porque están “en construcción”. Cuando completan su aprendizaje y se visten con el “grillo”, el traje tradicional, se produce una transformación: en ese momento se convierten en tunos para toda la vida.

En el pasado, muchos tunos llegaban a pagarse sus estudios con las propinas que recibían. ¿Se mantiene hoy esa tradición?

Antiguamente, era algo bastante habitual. Los tunos salían a cantar por las calles o en serenatas y con lo que recaudaban podían cubrir parte o incluso la totalidad de sus estudios. Era una forma muy digna de ganarse la vida mientras se cultivaban la música y la amistad. Hoy eso ya no es lo común, aunque sigue habiendo casos de estudiantes que, gracias a la Tuna, han podido financiar parte de su carrera. Además, las universidades ofrecen ayudas o fondos para el mantenimiento de las tunas, por lo que los nuevos miembros no tienen que preocuparse de los gastos de trajes o instrumentos.

¿Qué valores y normas rigen dentro de la Tuna?

La Tuna se basa en el respeto, la disciplina, la lealtad y, sobre todo, la hermandad. Los códigos de conducta son parte de su esencia y se aprenden con el tiempo y la convivencia. Uno de los rasgos más curiosos es que nos llamamos por apodos, no por nuestros nombres de pila. Eso crea una identidad única dentro del grupo. Tengo compañeros de años con los que he compartido viajes, música y anécdotas, y aún no sé su nombre real. Esa complicidad y ese sentido de pertenencia son lo que hacen tan especial a la Tuna.

¿Cómo logras equilibrar tu vida profesional y familiar con la Tuna?

La Tuna es una parte de mi vida que no compite con mi trabajo, sino que lo complementa. Me aporta alegría, creatividad y equilibrio. En casa lo entienden muy bien; mi mujer es hermana de un tuno, así que conoce de cerca nuestra filosofía y nuestro modo de vivir. Es verdad que a veces hay alguna queja (ríe), sobre todo cuando las serenatas se alargan, pero en general lo lleva con cariño. La Tuna me ha enseñado a disfrutar del presente y a mantener un espíritu joven, algo que también influye positivamente en mi labor profesional.

¿Qué papel juega la Tuna hoy y cómo ves su futuro?

La Tuna sigue siendo un símbolo de la cultura universitaria y una embajadora de la alegría y la tradición española en el mundo. Hemos viajado muchísimo: al Vaticano, a Nueva York, y a diversos países de América Latina donde la tradición tunera tiene una gran fuerza, como México, Colombia o Perú. También existen tunas activas en Europa, especialmente en Portugal —donde se visten de manera diferente— y en los Países Bajos, e incluso en Estados Unidos.

En Madrid, contamos con el apoyo del Ayuntamiento, que fomenta nuestras actuaciones en espacios públicos y eventos culturales.
El futuro de la Tuna pasa por mantener viva la tradición, pero también por seguir evolucionando: hoy existen tunas mixtas y femeninas, lo que demuestra que la Tuna sabe renovarse sin perder su alma, adaptándose a los nuevos tiempos sin renunciar a su esencia.

Oscar Carballo vestido de tuno.

 

Rejuvenezco cada vez que salgo de ronda”. Me quedo con esta frase de Óscar, porque refleja exactamente lo que significa ser tuno: una filosofía de vida que combina la vida profesional y personal de manera equilibrada, la música con la tradición, y la disciplina con la diversión. La camaradería y el apoyo entre los miembros de la Tuna crean vínculos sólidos, enseñan valores como la solidaridad y la constancia, y fortalecen la humanidad de quienes participan.

Salir de ronda con los tunos no es solo cantar; es compartir historias, risas, anécdotas y momentos que se quedan contigo. La Tuna demuestra que la tradición universitaria sigue viva y que la música tiene el poder de unir generaciones. Incluso en la vida adulta, ser tuno permite mantener la frescura, la ilusión y la alegría de los años jóvenes.

Así que, si alguna vez te invitan a una ronda, no lo dudes: deja los relojes y las preocupaciones fuera, acompaña a los tunos, y déjate llevar por la música y la compañía. Te aseguro que terminarás con la sonrisa puesta y una historia más que contar. Yo, desde luego, ya estoy lista para la próxima.