John Banville relanza «Los infinitos»
John Banville relanza «Los infinitos» (2009), su primera novela tras el Premio Booker: una exploración lúdica y melancólica de la mortalidad, narrada por el dios Hermes en una decadente casa señorial de la campiña irlandesa.
EnlaceMyriam BO
John Banville, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, relanza su novela escrita en el 2009 Los infinitos. Una singular exploración de nuestra mortalidad y nuestro lugar en el cosmos, en la que se combinan la sensualidad y el espíritu lúdico, y por la que resuenan ecos que van desde la tragedia griega hasta las comedias de Shakespeare, pasando por los dramas de Chéjov, todo ello con la suntuosa prosa y el ingenio único del autor.
Esta obra es la primera novela tras la concesión del Premio Booker. Es una de las más originales de la bibliografía de Banville.
Los infinitos
Tiene un planteamiento de inspiración teatral —la acción transcurre durante un solo día y en un único escenario—, Banville puso a trabajar los temas que habían caracterizado su producción —la búsqueda de sentido existencial, la reflexión melancólica sobre el paso del tiempo, la fascinación por la belleza, la creatividad y el deseo como primeros motores humanos, las tensiones en el seno de la pareja, los desafíos en las relaciones entre padres e hijos, las rivalidades profesionales...—, aunque desde una óptica inédita: el ascendente (o el intervencionismo) de los dioses sobre los quehaceres humanos.
El escritor nos traslada a una casa señorial algo decadente y sombría en medio de la campiña irlandesa, Arden, donde varios miembros de la familia propietaria, los Godley, se han reunido para despedirse del patriarca, Adam, que yace en coma, a la espera, según su médico personal, de una muerte segura.
El patriarca de la familia Godley, un admirado matemático, yace en la cama en un coma profundo del que su médico asegura que no despertará. Su círculo íntimo se ha reunido en la finca familiar, encabezado por su segunda esposa, Úrsula, y sus dos hijos, enfrentados desde niños por el favor de papá y hundidos en sus respectivas turbulencias sentimentales. Mientras todos repasan mentalmente las tensiones y agravios que los separan, nadie sospecha que el patriarca, lejos de ser un vegetal, tiene una conciencia muy lúcida. La llegada inesperada de algunos visitantes con intenciones poco claras terminará de alterar el ambiente; quizá esos recién llegados sean los dioses mismos que, maliciosos y juguetones, vigilan cada uno de los actos de esta familia e incluso intervienen para guiar su curso.
Una ocasión tan delicada invita a que cada uno de ellos repase su historia personal y su relación con el moribundo, al tiempo que su propio momento vital, marcado por la desazón sentimental, los agravios y las dudas. La irrupción de una serie de personajes secundarios —algunos esperados, otros no— con intenciones poco claras contribuirá a enredar y enrarecer una atmósfera ya de por sí desconcertante y compleja de gestionar. De lo que no son conscientes ni unos ni otros es que algunos dioses, en particular Hermes, que narra la historia, siguen con ánimo risueño y malicioso cada uno de sus pasos y cavilaciones, y no dudan en recurrir a los más variados subterfugios para sacar provecho de ellos o influenciar en su toma de decisiones. Tampoco pueden saber que el patriarca, bajo el estado vegetativo que se le presupone, no solo percibe los movimientos a su alrededor, sino que está sumido en una lucidez reflexiva muy profunda, obsesionado hasta el final con las grandes preguntas sobre el universo que sus fórmulas matemáticas revolucionaron y con hacer un balance de una existencia muy marcada por la culpa que le causa haber desatendido a sus seres queridos.
Los dioses también se entrometen en los asuntos de familia
En Los infinitos, John Banville reúne a una familia en una decadente casa de campo irlandesa para despedirse de su patriarca.
Hay viejos agravios, relaciones difíciles, secretos y cuentas pendientes. Y, como si todo eso no fuera suficiente, los dioses observan desde muy cerca y no siempre se conforman con mirar.
Una novela sobre la mortalidad, el deseo, la familia y nuestro lugar en el universo, narrada con el ingenio y la riqueza literaria característicos de Banville.
El autor
John Banville ha trabajado como editor en The Irish Times y es colaborador habitual de The New York Review of Books. Con El libro de las pruebas (Alfaguara, 2014) —integrado más tarde en Trilogía de Freddie Montgomery (Alfaguara, 2020), junto con Fantasmas y Atenea— fue finalista del Premio Booker, que obtuvo en 2005 con El mar (Alfaguara, 2019), consagrada además por el Irish Book Award como mejor novela del año. El escritor comenzó a firmar su ciclo de novelas negras, centradas en el patólogo forense Quirke y ambientadas en el Dublín de la década de los cincuenta y los sesenta, bajo el seudónimo de Benjamin Black.
