100 años de la muerte de Gaudí
Antoni Gaudí, una biografía, de Gijs van Hensbergen: un recorrido por la vida, la obra y el contexto histórico de Gaudí en el centenario de su muerte.
EnlaceMyriam BO
Este 2026 se cumplen cien años de la muerte de Antoni Gaudí, una fecha que la Generalitat de Catalunya ha declarado Conmemoración Oficial bajo el nombre de Año Gaudí 2026, así como Evento de Especial Interés Público (EEIP) por parte del Ministerio de Cultura del estado.
Esta conmemoración, que se desarrollará a lo largo del 2026, quiere difundir la figura y obra de Antoni Gaudí i Cornet, uno de los máximos exponentes del modernismo y uno de los arquitectos más influyentes de la historia de la arquitectura mundial.
Por su parte, el sello Taurus reedita Antoni Gaudí. Una biografía, del autor Gijs van Hensbergen, una de las aproximaciones más completas y narrativas a la vida del arquitecto español. En esta nueva edición, que incorpora un nuevo prólogo de Gijs, el libro reconstruye la trayectoria de Gaudí sin separar la obra del contexto y sin convertir la singularidad en caricatura. Más que una sucesión de edificios, es el relato de una mirada y de una época, la historia de cómo un creador se hace a sí mismo, al mismo tiempo que una ciudad se reinventa a golpes de modernidad, desigualdad, fervor y conflicto.
Gijs van Hensbergen, historiador y profesor de Arquitectura e Historia del Arte, narra la vida de Gaudí desde la infancia en Reus hasta la madurez creativa en Barcelona, atendiendo tanto a las relaciones personales y profesionales que lo sostuvieron como a las tensiones culturales y políticas que atravesaron la ciudad.
Antoni Gaudí i Cornet nace en 1852 en Reus, bautizado con prisa tras un parto difícil. La infancia se cuenta, además, desde una fragilidad física que obliga a mirar de otra forma. Tras una infección pulmonar, Gaudí padece artritis reumatoide y el restablecimiento es largo. Esa debilidad se convierte en una condición que empuja a la observación y al análisis de lo pequeño y de lo aparentemente banal.
Cuando llega a Barcelona, se instala al principio en el Born, en un entorno de clase trabajadora. Ingresa en la Associació Catalanista d’Excursions Científiques en 1879 y lo sitúa en un movimiento que promueve montañismo, dibujo, topografía, ciencias naturales e interés por el campo catalán y legado arquitectónico. La vida cultural se concreta en gestos de trabajo. Gaudí reseña una exhibición vinculada al Fomento del Trabajo Nacional. Diseña el logotipo de la asociación excursionista y asume tareas organizativas y decorativas que lo muestran como alguien dispuesto a entrar en la ciudad no solo como estudiante, sino como actor. En Antoni Gaudí, esta etapa es clave ya que desemboca en el vínculo decisivo con Eusebi Güell.
Uno de los hilos más sugerentes de esta biografía es la relación de Gaudí con la espiritualidad y la simbología, planteada no como nota marginal, sino como clave central para entender su proyecto. La Sagrada Familia aparece como horizonte total, como obra que desborda el edificio para convertirse en idea de mundo, mientras otras creaciones muestran cómo el espacio público y la imaginación se entrelazan en la construcción de ciudad.
En Antoni Gaudí. Una biografía se propone recuperar al hombre detrás del mito y devolverlo a su tiempo, a sus decisiones, a sus influencias, sin minimizar su potencia creadora.
La Barcelona que aparece en estas páginas no es un decorado, sino un organismo vivo. En ese escenario, la arquitectura deja de ser solo forma y se convierte en lenguaje público, en una manera de intervenir en el mundo.
El libro también ilumina la complejidad de la recepción de Gaudí en su propio tiempo, marcada por entusiasmos y rechazos, por la fascinación y el desconcierto. La frase atribuida a un contemporáneo, “¡Caballeros, nos hallamos hoy en presencia de un genio o de un loco!”, resume esa incomodidad que provoca lo verdaderamente nuevo cuando aún no tiene nombre. Y esa incomodidad, leída desde nuestro presente, resulta especialmente fértil: nos obliga a preguntarnos cómo se construyen los consensos culturales y qué perdemos cuando reducimos una obra radical a una marca cómoda, repetida hasta el desgaste.