Entrevista a Rubén Puga
Rubén Puga es un profesional que ha sabido fusionar finanzas, cultura e innovación en un modelo único.
Hay miradas que transmiten sinceridad y formas de estar que despiertan la atención desde el primer momento. Rubén Puga es uno de esos líderes. Con más de 27 años de trayectoria en los sectores financiero, bancario y del arte internacional, ha combinado excelencia técnica y sensibilidad cultural. Es licenciado en Economía y Administración de Empresas, MBA por la Universidad de Barcelona y Asesor Financiero Europeo certificado por EFPA, con formación complementaria en fiscalidad, innovación y finanzas sostenibles.
El banquero del arte, cuando la cultura se convierte en patrimonio
Ha ocupado cargos de alta responsabilidad en bancos como Triodos, Popular y Pastor, y fue Director General de ARTEX, compañía de arte vinculada a la familia real de Liechtenstein. Actualmente, preside el Grupo Fidelitas, firma que fusiona asesoría financiera y arte como forma de inversión, y ha sido director de la Fundación Relife, dedicada a brindar segundas oportunidades.
Rubén, su trayectoria combina finanzas, arte y una profunda sensibilidad social. ¿Cómo nace esta visión integradora y qué papel juega su entorno personal en ella?
Mi formación y experiencia en el sector bancario me dieron una base sólida, pero mi entorno familiar fue clave para desarrollar una visión más amplia. Mis padres, ambos profesores —mi madre doctora en Psicología—, me inculcaron una fuerte base cultural, pensamiento crítico y un gran respeto por el conocimiento. También ha sido fundamental el apoyo de mi esposa, quien colabora activamente en varios proyectos del grupo, con una mirada estratégica y creativa muy valiosa. Mis hijos también están muy presentes en esta construcción: mi hijo mayor empezará a formarse con nosotros este verano en Fidelitas, y mi hija pequeña, con solo cinco años, ya apunta maneras como artista: le encanta cantar, pintar… todo lo creativo la apasiona. Esa conexión con lo humano y lo artístico es parte del ADN de todo lo que hacemos. La sensibilidad, el compromiso y la vocación educativa que viví desde pequeño hoy se traducen en una forma diferente de entender el liderazgo empresarial.
Se lo conoce como "el banquero del arte". ¿Qué significa realmente democratizar el arte desde una perspectiva financiera?
Democratizar el arte significa acercarlo a todos, no solo a grandes coleccionistas o inversores institucionales. En Fidelitas ofrecemos inversiones en arte desde 1.000 euros hasta 350 millones. Trabajamos con un fondo que incluye más de 350 artistas —pintores, escultores, fotógrafos, músicos— y también participamos en producciones teatrales, cinematográficas e incluso en el mundo de la moda, colaborando tanto con diseñadores como con modelos de primera línea. Llevamos el arte al cliente y generamos el interés desde ahí, sin intermediarios. Lo guiamos durante todo el proceso, combinando análisis de mercado, gestión patrimonial y asesoramiento artístico. De hecho, el arte está correlacionado con el oro en un 90%, lo que lo convierte en una excelente inversión patrimonial. Además, lo cultural ofrece algo que otros activos no pueden dar: identidad, legado y emoción. Y eso también tiene valor. Apostamos por una educación financiera que incluya el arte como parte esencial del patrimonio familiar, empresarial o institucional.
Fidelitas está creciendo rápidamente, incluso a nivel internacional. ¿Cuál es la clave de esta expansión?
El nicho en el que trabajamos —la intersección entre arte, cultura y finanzas— es muy específico y nos diferencia claramente en el sector. Además, el Grupo está compuesto por siete empresas especializadas que abarcan distintos sectores relacionados con la inversión artística, lo que nos permite abordar cada operación desde múltiples ángulos. Nuestra expansión en países como Italia y Francia responde a una creciente demanda por modelos de inversión más personalizados, humanos y con un valor cultural añadido. Hemos detectado que tanto inversores tradicionales como nuevos patrimonios buscan alternativas sostenibles con propósito y con conexión con su identidad. Nuestro enfoque es ofrecer soluciones a medida, adaptadas al perfil y valores de cada cliente. La profesionalización del sector artístico es clave, y nuestro equipo combina formación en banca, fiscalidad, historia del arte y comunicación para que cada operación tenga una base sólida y un impacto tangible.
También tienen una faceta personal social muy activa. ¿Podría adelantarnos algo sobre los próximos pasos en ese ámbito?
Claro, y eres la primera a quien se lo cuento: uno de nuestros próximos proyectos a corto plazo es la creación de nuestra propia fundación. Ya colaboramos con muchas de ellas, pero sentimos que ha llegado el momento de canalizar ese compromiso de forma directa y estructurada. Nuestra visión va más allá del capital; creemos que el arte tiene el poder de sanar, transformar y dar segundas oportunidades. Queremos trabajar en tres ejes: apoyo a artistas emergentes con talento, pero sin acceso al mercado; formación artística en niños y jóvenes en contextos vulnerables; y proyectos culturales con impacto social real. También queremos conectar el mundo empresarial con el mundo creativo, y que la fundación sea un punto de encuentro para propuestas con alma, con sensibilidad, pero también con visión estratégica. Esa es una misión que nos tomamos muy en serio y que refleja lo que somos como grupo: ética, estética y compromiso.
¿Qué mensaje les daría a los jóvenes que buscan una vocación profesional?
Que estudien lo que les guste, lo que les dicte el corazón. La formación es muy importante, sin duda, y las nuevas tecnologías están abriendo caminos fascinantes, pero sin pasión no hay excelencia ni propósito duradero. Hoy vivimos una época de cambio acelerado, donde los títulos ya no lo son todo, y donde las habilidades prácticas, la creatividad y la autenticidad marcan la diferencia. Soy un gran lector y siempre digo que la educación y la cultura son las mejores inversiones a largo plazo. Leer te da perspectiva, amplitud de criterio, empatía. Que no se dejen llevar solo por lo que "da dinero", porque lo que verdaderamente genera valor es aquello que haces desde la vocación. Que exploren, que se equivoquen, que experimenten. Y que entiendan que el éxito no es acumular, sino transformar, inspirar y dejar huella desde lo que uno sabe hacer.
Conversar con Rubén Puga es abrir una puerta a una nueva forma de entender las finanzas, el arte y el valor del legado. Su trayectoria, impecable en lo técnico y profundamente humana en lo esencial, demuestra que es posible transformar modelos tradicionales desde la pasión, la cultura y el compromiso social. Escucharlo hablar del arte como inversión accesible, emocional y estratégica, con un conocimiento riguroso del mercado y una sensibilidad rara vez vista en el mundo financiero, ha sido revelador.
Su visión no solo inspira a profesionales o inversores, también despierta inquietudes nuevas en quienes, como yo, descubrimos que el arte no tiene por qué estar lejos ni reservado a unos pocos. ¿Y si esta entrevista es el inicio de mi camino como pequeña coleccionista? Quizá, como él mismo defiende, invertir en belleza y cultura sea también una forma poderosa —y rentable— de construir futuro. Rubén no solo lidera empresas, lidera ideas. Y eso, sin duda, deja huella en todos.