Entrevista con Abraham Gascón
Abraham Gascón es el artista que convierte una tostada en un lienzo con alma.
EnlaceAna Zuazo
Abraham Gascón no es el típico artista de estudio tradicional. Este creador madrileño, nacido en Getafe, tiene el corazón dividido entre España y su querida Santa Cruz de la Sierra en Bolivia —país al que considera su segundo hogar y donde ha volcado gran parte de su compromiso social y personal—. Lo que realmente lo ha catapultado a la fama es algo tan cotidiano y sorprendente como su soporte: el pan de molde tostado. Para Abraham, el desayuno se convierte en un auténtico altavoz para la ironía, la crítica social y una estética tan frágil como cautivadora.
Su carrera, forjada desde el autodidactismo, explotó durante la pandemia. En aquellos días difíciles, sus vídeos virales denunciando la situación social mientras intervenía sus tostadas conectaron con miles de personas, incluso llegando a interpelar directamente a figuras políticas. Hoy, Gascón nos demuestra que no hace falta un gran lienzo para contar grandes verdades; solo hace falta una técnica precisa de temperatura, pigmentos naturales y algo importante que decir.
Abraham, es imposible no preguntarte por tu soporte estrella. ¿Qué significa para ti el arte y por qué elegiste el pan para expresarte?
Para mí, el arte es sencillamente sacar lo bello de la vida, incluso de lo más cotidiano. Cuando pinto sobre una rebanada de pan, estoy jugando con esa fragilidad del material y con el simbolismo de lo que consumimos a diario. No busco complacer a nadie; hago lo que creo y como lo creo, sin dejarme avasallar por las normas de siempre. En un mercado tan saturado, ser diferente es lo que te permite sobresalir, y mi "lienzo tostado" es mi firma. Ese soporte no es casual, representa lo efímero de nuestra existencia. Cuando pongo un trozo de mi vida en un material tan humilde, la gente lo siente y lo identifica de una forma que un cuadro clásico a veces no logra. Es mi forma de decir que, aunque todo sea temporal, el mensaje puede ser eterno.
Has pasado por momentos personales muy duros, como la pérdida de tu padre muy joven y una larga estancia en la UCI. ¿Cómo han moldeado estas vivencias tu forma de crear?
Fueron choques de realidad brutales. Pasar meses en la UCI y perder a mi padre tan joven te cambia el "chip" por completo: aprendes a valorar a la gente que quieres de una forma potente, especial y muy urgente. Te das cuenta de que el tiempo es un lujo. El COVID fue, al final, el empujón que necesitaba para vivir el momento y ser mucho más selectivo con dónde estoy y qué hago. Mi obra ahora es reflejo de esa urgencia; no pierdo el tiempo en lo superfluo. Esa fragilidad del pan me recuerda que estamos aquí de paso, pero que hay que vivir con pasión. No le tengo miedo a los retos, voy a por las cosas con la intensidad de quien sabe que cada día cuenta. Intento plasmar mis vivencias, cicatrices y alegrías; esa honestidad bruta es la única manera real de conectar con los demás.
Mucha gente se sorprende al ver que mantienes precios firmes trabajando sobre un material tan accesible. ¿Cómo defiendes el valor de tu trabajo?
Es que el valor no está en el pan, sino en la maestría, la historia y la honestidad que imprimo en cada pieza. No bajo mis precios porque sé lo que vale mi trabajo; es un acto de respeto hacia mí mismo y hacia la disciplina que he perfeccionado. Ceder por presiones comerciales sería traicionar mi propia voz. Además, tengo un compromiso innegociable: el 20% de todo lo que vendo va directo a obras benéficas. Es mi forma de devolver un poco de lo que la vida me ha dado, sobre todo tras haber recibido ayuda cuando más la necesité. Para mí, calidad y ética van de la mano; si tú no valoras lo que haces, nadie más lo hará. Mi obra es un compromiso profesional, humano y, sobre todo, real.
¿Qué consejo le darías a esos artistas que empiezan y sienten que se chocan contra un muro de frustración?
A los que empiezan, les diría: ¡no se dejen frustrar! El arte es una carrera de fondo, no un sprint. Tened una hoja de ruta clara, pero no tengáis miedo a saliros del camino para pensar distinto; la originalidad es vuestra mejor arma. Y otra cosa clave: haced piña. Buscad, amigos, cread comunidad, intercambiad obra, compartid conocimientos. Esa red es lo que te sostiene cuando el mercado se pone difícil. El miedo es un mal compañero, así que focalizad vuestra energía y perseguid vuestros objetivos. La carrera artística es una maratón donde la persistencia y rodearse de gente auténtica valen tanto como el talento. Si vuestra propuesta es honesta, los obstáculos caerán por su propio peso. ¡A por todas!
Por último, ¿qué motor te mueve cada día y qué tendría que pasar para que dejaras de pintar?
Mi motor es la satisfacción profunda de crear algo único y ver cómo conecta con la gente. Cada obra es un reto técnico, un "puzzle" de temperatura y pigmento que me hace sentir vivo. No busco aplausos fáciles, busco coherencia: que lo que sale de mis manos sea un reflejo puro de lo que tengo dentro. ¿Qué me haría parar? Dejaría de pintar el día que esto dejara de gustarme. Mi relación con el arte es un romance absoluto. Si el día de mañana la creación se convierte en una obligación mecánica, una carga sin sentido, perderé el interés. El arte exige entrega total; si esa llama del disfrute se apagara, la obra perdería su alma. Mientras siga encontrando placer en la lucha con el lienzo, aquí me tendréis. Mientras haya pasión, habrá arte.
Ha sido un verdadero privilegio conversar con Abraham Gascón, un artista que nos enseña que la genialidad no necesita grandes artificios, sino una mirada valiente capaz de transformar lo cotidiano en algo sublime. Su compromiso con la belleza y las causas sociales nos recuerda que el arte, incluso cuando se pinta sobre una simple tostada, debe servir para conmover y mejorar nuestro mundo. Gracias, Abraham, por abrirnos las puertas de tu visión y por esa "hoja de ruta" tan inspiradora para los que buscan su propio camino. Seguiremos muy atentos a tus próximas creaciones, donde la fragilidad y la fuerza seguro que nos volverán a sorprender. ¡Gracias por recordarnos que la vida merece ser vivida con autenticidad y propósito!